La canción de Lìjiāng

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Lìjiāng es más bonito que Dàlǐ pero está tan masificado y es tan turístico que por momentos se padece el síndrome del parque temático. Quizá le falte autenticidad, al ser todas las tiendas de souvenirs y de tonterías varias, agencias de viajes o locales para tomar algo o comer. Creo que en total sólo habrá siete tipos de local distinto que se repiten y repiten y repiten… A pesar de todo esto, la ciudad tiene mucho encanto, incluso bajo la lluvia.

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El día que llegamos, después de comer nos dedicamos a pasear sin más, evitando pagar entradas a lugares turísticos que en principio ni fu ni fa. Así, desde la calle de nuestro hotel fuimos hasta la casa de la familia Mu. la entrada está en una plaza, que al ser de las primeras llama la atención, pero que no es de las mejores. A la casa no entramos porque es una reconstrucción moderna y según la guía no muy buena.

Desde allí dirigimos los pasos hasta Qiyi Jie, una zona en la que hay muchos bares y puestos de pinchitos agrupados. Enfrente hay una plaza en la que había dos chicos martilleando con grandes mazos una pasta de cacahuetes y miel o azúcar (no sé seguro cuál era el edulcorante aunque la probé). Es una plaza de grandes contrastes, ya que en el mismo sitio había escritura naxi y un Mcdonald’s.

A continuación llegamos a la plaza del mercado, si bien en chino se llama “Calle Cuadrada”. Cruzamos un puentecito para tomar Xinhua Jie, momento en el que empezó a llover. Con los ponchos ya puestos, tiramos hacia Dongda Jie, seguramente una de las calles más anchas de la ciudad vieja, mientras buscábamos el pozo de Yican por los callejones que hay al Este de esta calle. Cabe decir que las calles principales, llenas de turistas, son muy interesantes y bonitas, pero vale la pena de vez en cuando, explorar algunos callejones al azar para descubrir rincones más agradables.

Después de ver el pozo de Yican, en el que según la leyenda bebieron los mongoles de Kublai Khan cuando iban a conquistar Dàlǐ en el año 1253, regresamos a la plaza del mercado, donde vimos a unas señoras ataviados con ropa local, bailando. La música, no obstante, parecía más peruana que china.

Desde allí empezamos a subir al monte Shixi buscando el estanque del Dragón blanco, pero aunque está cerca, no hay camino que lleve del uno al otro, por lo que tuvimos que dar media vuelta. En ese momento decidimos comprar un mapa, aunque me repateaba tener que pagar 5 yuanes (0,65€) por un mapa lleno de propaganda…

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Al bajar del monte, en vez de desandar el camino, y para variar un poco, echamos a andar hacia el templo Wenchang, pero estaba cerrado. A pesar de todo, el viaje no fue en balde porque durante el trayecto encontramos las mejores vistas de los tejados de Lijiang. Callejeando de nuevo llegamos a la calle Xinhua, donde curiosamente empezó a llover otra vez (las dos veces que empezó a llover nosotros estábamos en el mismo sitio). ¡Otra vez a ponerse los ponchos!

Después de cruzar hasta Dongda Jie, buscamos infructuosamente el palacio Dongba, y en vista del éxito, terminamos por recorrer la calle entera hasta el límite de la parte vieja, donde encontramos un molino de agua. Durante toda nuestro paseo, vimos a muchas mujeres con trajes regionales, pero no hace falta ser un lince para darse cuenta de que siempre había un fotógrafo cerca. Se trata de un negocio típico de la ciudad, el alquiler de trajes étnicos para las turistas que quieren hacerse un reportaje fotográfico aprovechando la “fotogeneidad” de Lìjiāng.

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Para terminar el paseo, trazamos una ruta a partir de Xin Yi Jie hasta Qiyi Jie por callejones, para descubrir que los precios del café y el té en la ciudad están por las nubes. A precio de Ramblas o Plaza Mayor: ¡90 yuanes (12€) por un capuccino! Y qué decir de los pinchos de la calle Qiyi, ¡un plato de avispas fritas 40 yuanes (5,25€)!

Cuando hubimos terminado el paseo fuimos a una agencia de viajes en la misma calle donde estaba nuestro hotel para reservar una excursión o tour organizado a la Garganta del salto del tigre. La cosa fue complicada porque, sí o sí, querían un teléfono nuestro para llamarnos esa misma noche y darnos el número del autocar del día siguiente. Al final nos hicieron una foto para enviársela al guía y que este nos pudiera reconocer al día siguiente. A pesar de todo esa misma noche tuvimos que ir a las 22:30 a la agencia para ver si nos daban el número de matrícula del autobús.

Como faltaba mucho para esa hora, fuimos a comer al mercado de la calle Qiyi. ¡Qué algarabía! Había un montón de gente y los vendedores gritaban sin parar intentando captar clientes. Comimos pinchitos de yak, de ternera y de pollo y también patatas con sésamo. Después dudamos bastante sobre qué comer, ¿fideos? ¿arroz frito? ¿salchicha rellena de salchicha? Esto último no es una broma es lo que llaman “The Fools Meat Snack”, y para que os hagáis una idea, es como si abrierais una salchicha blanca Bratswurst por la mitad y dentro pusierais una salchicha de Frankfurt.

Después de terminar la cena con un arroz frito y de tomar un yogur bebible de leche de yak, dimos una vuelta nocturna:

“Buf, Lìjiāng ha perdido todo su encanto para mí en cuanto hemos llegado a la plaza del mercado de noche, aparte de llenísima, el ambiente es como el de Lloret o el de Salou. Animadores, música chumba-chumba, alcohol y borrachos. No es para nada un lugar tranquilo como puede ser que fuera antaño. Preferimos la diminuta Shāxī.”

Diario de viaje, 22 de agosto de 2014
A Ge Yuan Inn, 22:39 h

Bebiendo yogur de leche de yak (hembra)

Bebiendo yogur de leche de yak (hembra)

¿Y lo de la canción? Nada más llegar al restaurante en el que comimos, escuchamos en el local de enfrente, que vendía djembes, una canción que nos pareció bastante agradable. Sin embargo al cabo del día ya la habíamos aborrecido, porque es la banda sonora de toda la ciudad y suena continuamente. Como la canción dura 3 minutos, en un día las puedes llegar a escuchar 160 veces…

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2 thoughts on “La canción de Lìjiāng

  1. Patri

    Hola! He leído tu comentario de lijiang buscando el nombre de la canción que apenas escuchamos allí. .. pero tengo que hacer un inciso, teníais que haber probado lo de la salchicha dentro de otra, era un timo! Jeje, la blanca no era una salchicha, estaba hecha de arroz o no se que … una “decepción”
    Un saludo!

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