El campamento en el que hicimos noche en el Sahara estaba formado por doce tiendas en círculo. Once eran para dormir, con capacidad para cuatro personas y la duodécima era la jaima restaurante-salón. A nosotros nos tocó la número siete y tuvieron que ponernos un colchón extra porque íbamos a ser cinco. Los cuatro de nuestra minicaravana, y una chica galesa que no sabría hasta más tarde por qué, no durmió en la tienda que les hubiera correspondido por su grupo de dromedarios. Era insoportablemente maleducada y egoista. Continue reading
