Llama la atención, que más allá de que la gente no hable idiomas, la mayoría de chinos ni siquiera entienden palabras como “bus”, “hotel” o “exit”. Por lo tanto, la comunicación es muy difícil. En nuestro caso ayudaba que yo recordara algo del chino que había estudiado en la universidad. Por otro lado, el hecho de que tanto Amaya como yo estemos acostumbrados a los caracteres japoneses, prácticamente los mismos que los chinos, nos permitía reconocerlos de un vistazo y recordarlos al menos durante los segundos suficientes para interpretar un mapa o saber en qué estación de autobús bajar. Continue reading
