El último día en Kūnmíng habíamos deambulado por la ciudad buscando un hostal y luego paseado por el Lago Verde, donde vimos a sus gentes a su aire. De allí, volvimos a la zona del hostal en el autobús número 2 y cuando bajamos, nos acercamos al hotel Kūnmíng para preguntar si había autobuses o shuttles para el aeropuerto, ya que el autobús metropolitano más temprano, salía solo media hora antes que nuestro avión. El tiparraco del hotel no sabía ni siquiera de lo que le hablábamos o eso nos hizo creer, aunque era uno de los únicos que hablaba inglés. Realmente creo que no le gustaba que estuviéramos con nuestra pinta pseudo-andrajosa en su lujoso hotel. Sin embargo, como contaré en la próxima entrada, si había un servicio parecido al limousine bus de Japón pero lo descubrimos de chiripa. Continue reading
